DRA. RAQUEL AMARO SILVA
MÉDICO CIRUJANO PONTEVEDRA
Nº Colegiado 362607457
Licenciada en Medicina y Cirugía en la Universidad de Santiago de Compostela con Máster en Medicina Estética y Tricología y Microinjerto capilar. Actualmente desempeña su labor como médico y cirujana capilar en Hospital Capilar como responsable de la sede Hospital Capilar Pontevedra.
La caída del cabello puede tener múltiples causas y una de ellas son las alteraciones de la glándula tiroides. Tanto el hipotiroidismo como el hipertiroidismo pueden alterar el ciclo de crecimiento del cabello y favorecer una pérdida difusa. Sin embargo, en muchas personas la alteración tiroidea no es el único factor implicado y puede coexistir con otros problemas capilares, como una alopecia androgenética, un efluvio telógeno o déficits nutricionales.
La buena noticia es que, cuando la enfermedad tiroidea se diagnostica y se controla correctamente, la caída suele disminuir y el cabello puede recuperar progresivamente parte de la densidad perdida. Para conseguirlo, no basta con tratar la alteración hormonal: también es importante identificar si existen otros factores que puedan estar contribuyendo a la pérdida capilar.
En este artículo descubrirás cómo afecta la tiroides al cabello, qué síntomas pueden hacer sospechar un problema tiroideo, qué pruebas ayudan a confirmar el diagnóstico y qué opciones existen para recuperar la salud capilar.
Si buscas una respuesta rápida, estas son las más importantes:
Si la caída persiste, es importante descartar otras causas asociadas, como una alopecia androgenética o déficits nutricionales.
La respuesta es simple: sí, la tiroides puede provocar la caída del cabello. Las hormonas tiroideas desempeñan un papel esencial en el funcionamiento del folículo piloso. Cuando sus niveles se alteran, el ciclo normal del cabello también cambia y un mayor número de folículos entra antes de tiempo en la fase de caída.
Este proceso no ocurre de forma inmediata. Lo habitual es que la pérdida de cabello aparezca varias semanas o incluso meses después de que comience la alteración de la función tiroidea, ya que el folículo necesita tiempo para responder a los cambios hormonales.A diferencia de otros tipos de alopecia, la caída relacionada con la tiroides suele afectar a todo el cuero cabelludo de forma uniforme. Además de perder densidad, el cabello puede volverse más fino, seco, frágil y con menos brillo.
No obstante, tener un problema de tiroides no significa que esa sea la única causa de la pérdida capilar. Es frecuente que coexistan otros factores, como una alopecia androgenética, un efluvio telógeno o determinadas carencias nutricionales. Por eso, un diagnóstico médico completo resulta imprescindible antes de iniciar cualquier tratamiento.
Aunque ambas alteraciones pueden provocar pérdida capilar, lo hacen por mecanismos diferentes.
Cuando la tiroides produce menos hormonas de las necesarias, el metabolismo se ralentiza y también lo hace la actividad del folículo piloso. Como consecuencia, el cabello crece más despacio, se vuelve más fino, permanece menos tiempo en fase de crecimiento y aumenta el número de folículos que entran en reposo.
Además de la pérdida de densidad, es frecuente que el cabello se vuelva más seco, áspero y quebradizo. En algunas personas también puede observarse un adelgazamiento del tercio externo de las cejas, un signo característico del hipotiroidismo.
Estos síntomas no aparecen en todas las personas ni con la misma intensidad, pero pueden orientar al médico cuando se acompañan de otros signos propios del hipotiroidismo, como cansancio, aumento de peso o intolerancia al frío.
En el hipertiroidismo ocurre lo contrario: la producción excesiva de hormonas tiroideas acelera numerosos procesos del organismo, incluido el ciclo del cabello, haciendo que un mayor número de folículos pase antes de tiempo a la fase de caída.
El resultado suele ser una pérdida difusa de densidad acompañada de un cabello más fino y frágil.
Entre los síntomas más frecuentes del hipertiroidismo se encuentran la pérdida de peso sin motivo, el nerviosismo, los temblores, las palpitaciones y la intolerancia al calor.
Algunas enfermedades autoinmunes de la tiroides también pueden influir en la salud capilar. La tiroiditis de Hashimoto es la causa más frecuente de hipotiroidismo, mientras que la enfermedad de Graves es una de las principales causas de hipertiroidismo.
Además del desequilibrio hormonal, estas patologías pueden coexistir con otras enfermedades autoinmunes que afectan al cabello, como la alopecia areata. Por ello, si la pérdida capilar continúa a pesar de tener la función tiroidea controlada, conviene realizar una valoración completa para identificar si existen otros factores implicados.
No es posible determinar el origen de la caída únicamente observando el cabello. Aunque existen algunos signos que pueden hacer sospechar una alteración tiroidea, el diagnóstico debe basarse en una valoración médica y en pruebas específicas.
La caída relacionada con la tiroides suele presentar estas características:
Es difusa, sin zonas concretas de calvicie.
La pérdida de densidad aparece de forma progresiva.
El cabello suele volverse más fino, seco o quebradizo.
Se acompaña de otros síntomas compatibles con hipotiroidismo o hipertiroidismo.
Sin embargo, estas manifestaciones también pueden aparecer en otros tipos de alopecia. Por eso, atribuir la pérdida de cabello a la tiroides sin una evaluación médica puede retrasar el diagnóstico y el tratamiento adecuados.
Cuando existe sospecha de que la pérdida de cabello está relacionada con la tiroides, el especialista realiza una valoración global para confirmar el origen del problema y descartar otros factores que puedan estar influyendo.
Las pruebas más habituales son:
Historia clínica, para conocer cuándo comenzó la caída, cómo ha evolucionado y si existen antecedentes personales o familiares.
Exploración del cuero cabelludo, que permite valorar el patrón de pérdida capilar y detectar signos compatibles con otras alopecias.
Tricoscopia digital, una prueba no invasiva que analiza el estado del cuero cabelludo y de los folículos pilosos con gran aumento.
En función de cada paciente, también puede ser recomendable analizar otros parámetros relacionados con la salud capilar, como los niveles de hierro, ferritina, vitamina D, zinc o determinadas alteraciones hormonales.
Uno de los errores más frecuentes es pensar que la caída del cabello tiene un único origen.
En realidad, es habitual que varios factores actúen al mismo tiempo. Una persona con hipotiroidismo también puede presentar una alopecia androgenética, un efluvio telógeno, un déficit de hierro o alteraciones nutricionales que mantengan la pérdida capilar incluso cuando la función tiroidea ya está controlada.
Por este motivo, limitarse a tratar la enfermedad tiroidea no siempre es suficiente para recuperar la densidad del cabello.
Identificar todas las causas implicadas permite diseñar un tratamiento mucho más preciso y aumentar las probabilidades de frenar la caída y favorecer la recuperación capilar.
En Hospital Capilar realizamos Tricometabolic, un diagnóstico capilar avanzado diseñado para identificar los diferentes factores que pueden estar provocando la pérdida de cabello.
Este estudio combina:
Analítica de 27 biomarcadores, para detectar alteraciones hormonales, nutricionales y metabólicas relacionadas con la salud capilar.
Tricoscopia digital, que permite analizar el estado del cuero cabelludo y de los folículos pilosos con gran precisión.
Valoración médica especializada, para interpretar todos los resultados de forma conjunta y establecer un diagnóstico individualizado.
Gracias a este enfoque es posible determinar si la alteración tiroidea es la única responsable de la caída o si existen otros factores que también requieren tratamiento.
Con Tricometabolic, nuestro diagnóstico capilar avanzado, analizamos los factores que pueden estar provocando la pérdida de cabello para diseñar el tratamiento más adecuado para ti.
Solicita tu diagnóstico capilar y descubre qué está afectando realmente a la salud de tu cabello.
En la mayoría de los casos, la caída del pelo provocada por una alteración tiroidea es reversible. Cuando los niveles hormonales vuelven a la normalidad, el ciclo capilar suele estabilizarse y el cabello comienza a recuperar progresivamente su crecimiento.
Por este motivo, el tratamiento siempre debe centrarse primero en controlar la enfermedad tiroidea. Mientras el desequilibrio hormonal persista, cualquier tratamiento dirigido únicamente al cabello tendrá una eficacia limitada.
Una vez estabilizada la función tiroidea, el especialista valorará si la pérdida capilar se debe exclusivamente a la tiroides o si existen otras causas que también requieran tratamiento.
La recuperación no es inmediata. El folículo piloso necesita tiempo para completar su ciclo de vida y volver a producir cabello de forma normal.
Aunque cada persona evoluciona de manera diferente, lo habitual es seguir una evolución similar a esta:
Entre los 2 y 3 meses: la caída suele empezar a estabilizarse una vez controlada la alteración tiroidea.
A partir de los 3 a 6 meses: comienza a apreciarse una mejora en la densidad, el grosor y la calidad del cabello.
Estos plazos son orientativos y dependen de factores como el tiempo de evolución de la enfermedad, la respuesta al tratamiento y la existencia de otros problemas capilares.
Es una de las dudas más frecuentes y la respuesta es sencilla: el cabello no responde de forma inmediata a los cambios hormonales.
Los folículos que iniciaron su fase de caída durante el desequilibrio tiroideo continúan su ciclo hasta completarlo, por lo que es normal que la pérdida de cabello persista durante algunas semanas o incluso meses después de normalizar la función tiroidea.
Sin embargo, si la caída se mantiene durante un periodo prolongado o continúa aumentando, conviene realizar una nueva valoración médica.
Cuando la densidad no mejora tras controlar la enfermedad tiroidea, es importante investigar si existe otro problema asociado.
En la práctica clínica es relativamente frecuente que la alteración tiroidea conviva con otras causas de pérdida capilar, como:
Alopecia androgenética.
Efluvio telógeno prolongado.
Déficits de hierro, ferritina o vitamina D.
En estos casos, el tratamiento dependerá del diagnóstico. El especialista puede recomendar distintas opciones terapéuticas para estimular el crecimiento del cabello, como el Plasma Rico en Plaquetas (PRP) o la mesoterapia capilar, siempre que exista una indicación médica.
No es recomendable iniciar tratamientos por cuenta propia sin conocer el origen de la caída, ya que cada tipo de alopecia requiere un abordaje diferente. Descubre si la tiroides es la causa de tu caída del cabello o si existe otro factor que también deba tratarse.
Aunque la caída del cabello por la tiroides suele mejorar una vez controlada la enfermedad, existen situaciones en las que conviene consultar con un especialista cuanto antes.
Es recomendable solicitar una valoración médica si:
La caída dura más de tres meses o continúa aumentando.
El cabello sigue perdiendo densidad a pesar de tener la función tiroidea controlada.
Aparecen zonas con una pérdida de pelo más evidente o un patrón distinto al habitual.
El cabello se vuelve progresivamente más fino y frágil.
Existen antecedentes familiares de alopecia androgenética.
La pérdida de cabello se acompaña de síntomas que puedan indicar alteraciones hormonales o déficits nutricionales.
Un diagnóstico precoz permite identificar antes el origen de la caída y aumenta las posibilidades de preservar la densidad capilar, especialmente cuando intervienen varios factores al mismo tiempo
Sí. Tanto el hipotiroidismo como el hipertiroidismo pueden alterar el ciclo de crecimiento del cabello y favorecer una pérdida capilar difusa. En la mayoría de los casos, la caída mejora cuando la función tiroidea se normaliza, aunque también es frecuente que existan otros factores implicados, como una alopecia androgenética o un efluvio telógeno.
Sí, en la mayoría de los casos. Cuando la alteración tiroidea se diagnostica y trata correctamente, el cabello suele recuperar progresivamente su ciclo normal de crecimiento. La recuperación dependerá de factores como el tiempo de evolución de la enfermedad, el estado del folículo piloso y la presencia de otras causas de pérdida capilar.
No es posible saberlo únicamente por el aspecto del cabello. El diagnóstico requiere una valoración médica que incluya la historia clínica, la exploración del cuero cabelludo y una analítica para evaluar la función tiroidea. En algunos casos también es necesario descartar otras causas de alopecia o déficits nutricionales.
Sí. Si la caída continúa una vez normalizada la función tiroidea, es posible que exista otra causa asociada, como una alopecia androgenética, un efluvio telógeno o un déficit nutricional. En estos casos, una evaluación capilar permite identificar el origen de la pérdida de cabello y plantear el tratamiento más adecuado.
Sí, algunas personas pueden notar un aumento temporal de la caída durante las primeras semanas tras iniciar el tratamiento o después de un ajuste de dosis. Generalmente se trata de un proceso transitorio relacionado con la adaptación del organismo y no de un efecto permanente del medicamento. Si la caída persiste, conviene consultar con el médico.
Puede ser útil en determinados pacientes para favorecer el crecimiento del cabello, pero no corrige la alteración de la función tiroidea. Antes de iniciar cualquier tratamiento es importante identificar la causa de la caída y comprobar si existen otros factores que también requieran tratamiento.
Solicita un diagnóstico capilar y descubre si la tiroides es la causa de tu pérdida de cabello o si existe otro factor que también debe tratarse.